¿Medir todo en todas partes al mismo tiempo?

6 de marzo de 2026 por
¿Medir todo en todas partes al mismo tiempo?
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La película Everything Everywhere All at Once (2022) nos muestra un universo en el que todas las realidades posibles ocurren simultáneamente. Cada decisión abre un nuevo camino y todos existen al mismo tiempo, como si múltiples versiones del mundo convivieran en paralelo. Es una historia vertiginosa, caótica y fascinante que también nos regala una metáfora para reflexionar sobre la medición de impacto y contribución de instituciones de educación superior, empresas e instituciones publicas y de la sociedad civil.

No son pocas las instituciones donde todavía se cree que el problema de la medición y evaluación es la falta de información. Pensamos que hay evidencia de abundante información sobre actividades, actores, territorios, resultados y uso de recursos en ellas, pero está dispersa en todas partes, al mismo tiempo.

Hoy podemos afirmar que sí es posible medir todo, en todas partes y al mismo tiempo, porque gracias a la tecnología de la información, tenemos opciones para identificar, ordenar y analizar la data de muchas dimensiones, en diversos lugares, al mismo tiempo. Incluso más allá de nuestra disciplina, piense en la capacidad de sensorización y acceso instantáneo a datos sobre su salud en su smartphone.

Sin embargo, el desafío central es de gestión. Se suele pensar que teniendo acceso a una plataforma y registrando muchos datos de manera más sistemática, se resolverán brechas en el corto plazo. Pero, aunque los sistemas digitales actuales permitan registrar grandes volúmenes de información, si no existe entendimiento, estrategia y claridad sobre lo que se desea medir, todo seguirá siendo confuso. O difuso.

Cuando el problema deja de ser medir

La pregunta que cobra relevancia en el contexto y con las exigencias actuales, es qué vamos a evaluar, qué vamos a mejorar, qué vamos a reportar con esa información y para qué fines. La tecnología amplía la capacidad de observación, pero no reemplaza el criterio institucional. Los sistemas de medición deben responder a los procesos de gestión y aseguramiento de la calidad y no al revés.

Cuando la medición se diseña únicamente desde la lógica tecnológica, el resultado suele ser una acumulación de datos que no necesariamente ayuda a comprender qué iniciativas, proyectos o programas generan mayor valor ni dónde conviene concentrar los esfuerzos institucionales. Por eso, la clave es medir con sentido y no sólo medir más.

Medir también significa comprender la eficiencia. Cuando estos datos se analizan adecuadamente comprendemos qué acciones logran producir mayor valor, cuáles tienen potencial de expansión y dónde pueden existir oportunidades de mejora en los procesos. La eficiencia, en este sentido, es un criterio y una herramienta para orientar las capacidades institucionales hacia aquellas acciones que producen mayor valor académico, económico, ambiental y social.

Priorizar para fortalecer la calidad. Si la tecnología permite medir múltiples dimensiones al mismo tiempo, la tarea de la gestión es priorizar dónde concentrar la atención evaluativa. Priorizar significa en este caso identificar qué evidencia es realmente relevante para fortalecer la calidad institucional.

Lo prioritario debiera ser siempre evidenciar y aprender de cómo la institución se articula con su entorno, qué transformaciones está generando y cómo esas experiencias retroalimentan la docencia, la investigación, la innovación y la propia vinculación con el medio.

Medir para decidir, mejorar y comunicar. Un sistema de medición bien diseñado es una herramienta de inteligencia institucional que cumple múltiples funciones, permitiendo evaluar si la acción de la organización están cumpliendo sus objetivos, ayudando a mejorar programas y procesos, entregando evidencia para comunicar de manera clara el valor generado.

Es el modelo de gestión institucional el que define qué preguntas vale la pena responder con los datos y el rol de la tecnología debe ser ampliar esa capacidad de observación, haciendo más eficiente su registro, análisis y medición.

No todo (en todas partes) se trata de medir más. En los sistemas de evaluación más maduros, la tecnología se pone al servicio de la gestión, ayudando a identificar dónde se genera valor, qué procesos pueden mejorar y cómo las instituciones pueden fortalecer su contribución al desarrollo social, económico y territorial.

La metáfora de Everything Everywhere All at Once resulta útil porque nos recuerda que en la gestión de hoy podemos actuar y observar muchas dimensiones de la realidad a la vez, pero el verdadero desafío es decidir dónde enfocar la atención para generar valor real.

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