Esta es una pregunta que separa a las instituciones que hacen vinculación como apéndice de las que la entienden como función formativa misional y estratégica ¿Cómo sabemos si las actividades de vinculación con el medio realmente le sirven al estudiante para formarse? En nuestra experiencia analizando miles de experiencias de VcM, distinguimos con claridad que docencia y vinculación miden cosas distintas, con instrumentos distintos, y ninguna puede reemplazar a la otra.
Ampliando los límites del aula
Imaginemos el siguiente escenario realista en el sur de Chile (dónde nacimos). Estudiantes de Construcción de una institución técnico-profesional viajan con sus docentes a una comunidad Mapuche del sector cordillerano de Lonquimay, en La Araucanía. El objetivo es diagnosticar las condiciones de aislación térmica de las viviendas y apoyar a las familias en soluciones de bajo costo para enfrentar inviernos con temperaturas que bajan varios grados bajo cero.
La competencia que se espera desarrollar es ejecutar soluciones de mejoramiento térmico en viviendas rurales aplicando criterios técnicos, normativa vigente y pertinencia territorial, en colaboración con las comunidades y familias beneficiarias.
Para el caso da lo mismo si Lonquimay se ubica en Chile, México, Costa Rica o Colombia. En el taller, las y los estudiantes aprenden sobre materiales aislantes, puentes térmicos y normativa de construcción. Eso es necesario. Pero en Lonquimay ocurre algo que el taller no puede simular y es que la solución técnicamente correcta no siempre es viable para esa familia específica. Los materiales disponibles son distintos, las familias tienen opiniones sobre cómo habitar su espacio y hay también una barrera lingüística y cultural parcial.
¿Qué hace el estudiante con eso?
Esa pregunta solo tiene respuesta en terreno. Y la respuesta que dé en ese momento es evidencia de competencia real, no de conocimiento declarativo, allí debe demostrar su capacidad de movilizar lo que sabe frente a lo que la realidad le presenta.
Docencia y VcM miden cosas distintas, las dos son necesarias
Aquí viene el punto que más frecuentemente genera confusión:
La docencia evalúa si el estudiante aprendió. Los instrumentos como pruebas, informes, rúbricas, listas de verificación técnica, están diseñados para responder cuestiones como ¿domina los contenidos?, ¿aplica correctamente los procedimientos?, ¿cumple los estándares técnicos de la disciplina? Es una mirada desde adentro del proceso formativo, con criterios definidos por cada institución.
La VcM evalúa si la actividad fue el vehículo que permitió ese desarrollo. Sus instrumentos deberían estar diseñados para responder a la pregunta ¿la participación en esta actividad con la comunidad generó condiciones de aprendizaje, y eso se tradujo en desarrollo competencial observable y percibido por el propio estudiante?
No es la misma pregunta. Y no se responde con los mismos datos.
En el caso de Lonquimay, la docencia puede evaluar si el estudiante ejecutó correctamente la técnica de aislación. La VcM evalúa si el estudiante percibió que esa experiencia le permitió desarrollar capacidades que el taller no le habría dado con la misma intensidad, especialmente en adaptación técnica a contextos reales, comunicación con comunidades y manejo de situaciones sin respuesta predefinida.
Para esto nuestro sistema Mide Impacto utiliza un modelo de evaluación de percepción estructurado en cuatro dimensiones que denominamos modelo 4C:
- Conocimiento: ¿El estudiante comprendió el propósito de la actividad y lo que se esperaba que lograra como producto?
- Cumplimiento: ¿Percibió que la actividad cumplió lo que prometía en términos de objetivo y productos?
- Calidad: ¿Cómo evalúa la experiencia en términos de logística, plazos, horarios?
- Competencias: ¿En qué medida cree que esta actividad le permitió desarrollar o fortalecer capacidades y lograr aprendizajes?
Esta última dimensión es la que más importa y los resultados que arroja son percepción estructurada, comparable entre actividades, programas y períodos, y constituyen evidencia evaluativa legítima sobre el aporte formativo de la vinculación.
¿Deben triangularse las evaluaciones?
La pregunta que sigue naturalmente es que si docencia mide por un lado y VcM mide por otro, ¿Cómo se integra esa información para saber si realmente hubo aporte al proceso formativo? La respuesta es la triangulación y es exactamente ahí donde la evaluación se vuelve poderosa. Cuando se cruzan los datos de docencia con los de VcM aparecen patrones que ninguna fuente por sí sola puede revelar:
Un estudiante puede tener buen desempeño técnico en el taller pero percibir que la actividad de vinculación no le aportó, lo que indica que la actividad no estuvo bien diseñada para generar aprendizaje en contexto, o que no había brecha real entre lo que sabía y lo que el terreno le exigía.
El caso contrario también ocurre y un estudiante con rendimiento académico bajo puede percibir que la actividad de vinculación fue la experiencia formativa más significativa de su trayectoria, lo que indica que hay formas de aprender que la evaluación convencional no captura, y que la VcM está tocando dimensiones competenciales que la docencia no mide.
El caso ideal que justifica la inversión institucional en vinculación es cuando ambas fuentes convergen buen desempeño técnico documentado por docencia más alta valoración del aporte competencial reportado por VcM. Eso permite sostener con evidencia sólida que la actividad de vinculación contribuyó al desarrollo de competencias de manera plausible, verificable y complementaria a lo que el aula genera. Ese argumento triangulado es lo que transforma a la VcM de función periférica en función formativa indispensable.
Lo que esto aporta institucionalmente
Cuando una institución puede demostrar con datos triangulados que sus actividades de vinculación desarrollan competencias que el aula no puede generar sola, ocurren tres cosas:
Primero, la VcM deja de competir por recursos con la docencia y pasa a ser reconocida como parte del proceso formativo, no un complemento opcional.
Segundo, el diseño de actividades mejora. Cuando se sabe qué se va a medir, las actividades se diseñan con intencionalidad pedagógica con resultados competencias declaradas, resultados de aprendizaje asociados y evidencias definidas antes de salir a terreno.
Tercero, la institución puede comunicar a sus grupos de interés, como empleadores, comunidades, organismos acreditadores, que su vinculación es también un espacio formativo con evidencia de contribución. Eso tiene valor reputacional y estratégico que pocas instituciones han sabido construir.
En Vinculamos trabajamos en ese espacio donde los datos de la vinculación se convierten en evidencia evaluativa que retroalimenta la formación y permiten medir contribuciones e impacto.