La realidad laboral de los jóvenes en Chile y probablemente en toda la región, ha dejado de ser una preocupación de mercado para convertirse en una crisis de salud pública y sostenibilidad social. Recientemente, una alarmante medición de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales expuso una verdad incómoda en los medios: "Casi un tercio de los desocupados presenta síntomas de depresión", una realidad que se ensaña con fuerza en los menores de 30 años.
Este dato no es un hecho aislado ni una fluctuación cíclica común. Tradicionalmente, por décadas, hemos observado que los jóvenes son “los últimos en ser contratados y los primeros en ser despedidos”, sobre todo en situaciones de crisis.
Y hoy enfrentamos una crisis, una tormenta perfecta en la que esta vulnerabilidad histórica colisiona con la aceleración tecnológica y un quiebre en las expectativas de inserción laboral.
Para entender la magnitud del problema y, sobre todo para buscar formas de abordarlo, debemos analizar al menos cuatro nodos críticos que están asfixiando al talento joven:
1. La paradoja de la sobre educación
El primer gran obstáculo es estructural, ya que nos enfrentamos a un mercado laboral que quedó pequeño para una población joven altamente educada.
En las últimas décadas, el acceso a la Educación Superior se expandió exponencialmente, pero la matriz productiva del país no evolucionó al mismo ritmo. Seguimos dependiendo de mercados tradicionales con bajos niveles de innovación para las nuevas economías, lo que limita la creación de puestos sofisticados y de ingresos acordes.
A esto se suman condiciones legales y falta de incentivos económicos “creativos” que encarecen o rigidizan la contratación inicial. El resultado es una brecha dolorosa que tiene a jóvenes con títulos profesionales y técnicos atrapados en un mercado que no tiene el tamaño, la diversidad ni los incentivos para absorberlos en roles que hagan justicia a su formación. “Ellos pedían esfuerzo,, ellos pedían dedicación…”
2. El "efecto filtro” de la Inteligencia Artificial
A diferencia de revoluciones tecnológicas anteriores que automatizaban el trabajo manual, la Inteligencia Artificial está transformando el trabajo cognitivo.
El impacto no está destruyendo necesariamente los puestos de los profesionales senior; está automatizando las tareas iniciales (redacción de borradores, análisis básico de datos, programación básica, soporte de primer nivel).
Esto genera una barrera de entrada destructiva porque las empresas ya no necesitan al profesional “Junior” tradicional para hacer el trabajo base. Como consecuencia, las ofertas de empleo exigen perfiles iniciales con competencias de nivel intermedio, dejando a los recién egresados fuera de competencia antes de empezar.
3. El círculo vicioso de la Salud Mental Vulnerada
El desempleo prolongado y la frustración ante un mercado hostil no solo generan estadísticas de desocupación, generan resignación y sufrimiento.
La prevalencia de síntomas de depresión, ansiedad e insomnio actúa como un detonante crítico y un joven con la salud mental afectada sufre un deterioro severo en su autopercepción, motivación y energía. Esto reduce drásticamente sus probabilidades de éxito en procesos de búsqueda y selección, creando el círculo vicioso de desempleo que enferma y falta de bienestar emocional cronifica el desempleo.
4. El desfase de los modelos educativos tradicionales
Las Instituciones de Educación Superior (IES) se enfrentan al desafío en el que los conocimientos técnicos de un plan de estudios corren el riesgo de quedar obsoletos antes de la ceremonia de titulación.
El modelo de formación lineal ya no responde a la velocidad de un mercado laboral que se redefine mes a mes, lo que agudiza la desconexión entre lo que el aula produce y lo que el entorno realmente demanda.
Co-diseñar el futuro laboral
Ante un escenario de esta complejidad, la queja no es una opción y desde Vinculamos creemos firmemente que la resolución de esta crisis requiere pasar de la preocupación a la acción coordinada, colaborativa y política. Nadie sobra, todos podemos aportar. ¿Cómo?
Las IES deben innovar con urgencia ética
Las universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica pueden surfear las olas de empleabilidad con innovación disruptiva:
Integración de IA desde el día uno. Un egresado actual debe saber cómo potenciar su productividad usando modelos de lenguaje y automatización en su disciplina para ser colaborativo y competitivo en mercados contraído. Se debe enseñar a los estudiantes a ser los “supervisores” de la IA y tener en cada agente a un colega que potencia lo mejor sí y le permite cumplir con impecabilidad a sus clientes y equipos
Microcredenciales para nuevas economías. Debemos colaborarnos para implementar programas cortos y flexibles orientados a industrias tecnológicas, verdes y de servicios globales, permitiendo a los jóvenes mirar fuera del mercado tradicional local
Acompañamiento integral en la transición. Los servicios de apoyo psicológico y estudiantil no deben terminar en el último semestre. Las IES pueden, así como proponen el aprendizaje a lo largo de toda la vida, gestionar "redes de seguridad emocional" y mentorías para sus egresados durante su primer año de inserción laboral y más allá.
Un nuevo pacto por el talento
El sector empresarial, los gremios y los legisladores tienen hoy la responsabilidad estratégica de comprender que automatizar completamente los escalones de entrada o mantener estructuras laborales rígidas puede transformarse en una decisión profundamente miope. Si las organizaciones dejan de formar y dar oportunidades reales a las nuevas generaciones, inevitablemente se debilitará la base desde donde emergerán los futuros líderes, especialistas y seniors que sostendrán la competitividad de las economías.
En la era de la inteligencia artificial, exigir experiencia previa para cargos iniciales resulta contradictorio y el desafío está en contratar por potencial, capacidad de aprendizaje, adaptabilidad y resiliencia.
Al mismo tiempo, las empresas necesitan abrir espacios de experimentación e innovación donde el talento joven —nativo digital y familiarizado con las nuevas tecnologías— pueda liderar procesos de transición hacia modelos productivos más dinámicos y creativos.
Esto exige también construir entornos psicológicamente seguros, con liderazgos empáticos y políticas de bienestar que comprendan las tensiones emocionales y de salud mental con las que muchas nuevas generaciones ingresan al mundo laboral, evitando así el desgaste y abandono temprano del talento.
El valor de los ecosistemas conectados
La crisis de empleabilidad y salud mental de nuestros jóvenes no la resolverá ninguna institución en forma aislada. Necesitaos ecosistemas de vinculación robustos, en que los gremios sectoriales comprendan menor las necesidades del mañana, las instituciones educativas adapten sus aulas en tiempo real y las políticas públicas incentiven la innovación.
Garantizar un futuro laboral digno para los menores de 30 años debiera ser un indicador económico relevante, a la vez que un pilar fundamental para la cohesión social y la sostenibilidad de nuestros países.