Las alianzas entre universidades y empresas suelen presentarse con bombos y platillos. Se firman convenios de empleabilidad, se anuncian cátedras corporativas y se celebran las cifras de graduados contratados. El discurso oficial es predecible y enfatizará que "Gracias a nuestra vinculación, los jóvenes se insertan con éxito en el mercado laboral". Pero detrás de la foto protocolar cabe preguntarse: ¿Habría pasado igual sin nosotros?.
En la evaluación de impacto el concepto de "peso muerto" refleja esa parte del resultado que se habría producido igual sin la intervención.
No es un error de medición ni una pérdida, es simplemente lo que ya venía ocurriendo y que, al no descontarse, termina evaluado como logro propio. Financiar o atribuirse un resultado que iba a ocurrir de todas formas, conversa mejor con la política que con la gestión técnica. La baja en la tasa de delincuencia, la creación de empleo con o sin subsidios o el uso de franquicia tributaria para financiar cursos a trabajadores que, igual la empresa habría pagado con su presupuesto propio, son claros ejemplos.
Con Vinculamos Latam evaluamos una gran fiesta de la vendimia de la región de O´Higgins en que se nos preguntaban por qué omitíamos en la metodología el gasto de los asistentes locales. Parece lógico para el sentido común de un decisor público que, si invierten X en una fiesta de este tipo, se sumen todos los ingresos generados por los asistentes internos y externos, para evaluar cuánto efecto genera la inversión aprobada. Sin embargo, el vecino que compró una copa de vino, souvenirs o alimentos en el evento, probablemente habría gastado ese dinero igual en la comuna, solo que en otros lugares y días.
No es dinero que entró al territorio, es dinero que se movió de bolsillo. Ese gasto es peso muerto porque es real para quien vendió, pero no adicional para el territorio.
Otra forma de describirlo es lo que ocurre en los mercados de carbono. Estamos apoyando a una gran organización nacional para que ingrese en ellos con sistemas y metodologías rigurosas . En estos mercados, un crédito solo existe si la reducción de emisiones no se habría producido de todos modos. El "escenario de línea base" es literalmente el contrafactual escrito en un protocolo. Y para probarlo se aplican pruebas explícitas: adicionalidad financiera (el proyecto no era rentable sin el ingreso por créditos), adicionalidad regulatoria (va más allá de lo que la ley ya exigía), análisis de barreras y prueba de práctica común.
Si en educación superior, por ejemplo, consultamos a un grupo de egresados por qué cree haber conseguido empleo e indican que lo atribuyen más a su capital social y las capacidades con que ingresaron a una institución, que por lo que ésta le aportó, es peso muerto en la cifra de empleabilidad. El peso muerto se resta porque el efecto habría ocurrido igual.
Si una intervención acelera unos meses lo que el mercado habría resuelto solo, el impacto neto es cercano a cero, pero la contribución puede ser alta y suele pasarse por alto esto, en lo que hemos insistido de forma recurrente.
Se genera valor real cuando una institución co-diseña un programa técnico en una zona rezagada donde no había oferta educativa, o cuando una universidad abre cupos para estudiantes vulnerables que la industria tradicionalmente ignora. El liderazgo, entonces, consiste en intervenir allí donde el futuro no está garantizado por la inercia del mercado.
La posibilidad de mejorar a propósito, y no por casualidad, requiere preguntarse siempre: ¿Habría pasado igual sin nosotros?