Investigación vinculada

8 de junio de 2026 por
Investigación vinculada
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En su reciente paso por Chile, el Dr. Ricardo Hausmann, fundador y director del Laboratorio de Crecimiento de Harvard, reiteró su crítica a la profunda desconexión entre ciencia, tecnología, empresa e innovación, una brecha que impide que el conocimiento acumulado se transforme en complejidad económica.

Para Hausmann, los países desarrollados crecen porque generan nuevas capacidades y aprenden a hacer cosas que antes no sabían hacer. Chile, en cambio, sigue dependiendo en exceso de las capacidades, productos y servicios que ya posee.

"Hay un túnel que conecta las necesidades del aparato productivo con las capacidades científicas y como todo túnel, lo puedes cavar de cualquiera de los dos lados", señaló, advirtiendo a la vez que japoneses, coreanos y chinos "empezaron a cavar el túnel del lado de los problemas que requerían una solución tecnológica desde la aplicación. Y fueron generando infraestructura eficiente, para sostener esa innovación". Algo muy distinto, indicó, de la tendencia latinoamericana a comenzar con ciencia básica, seguir con ciencia aplicada y solo eventualmente llegar a las aplicaciones.

La reflexión interpela directamente a la educación superior chilena. Aunque el país ha expandido como nunca su matrícula técnico-profesional y universitaria, además de fortalecer la formación avanzada y la producción científica, persiste la paradoja y ese conocimiento se traduce débilmente en innovación, diversificación y nuevas capacidades productivas.

El nivel de patentamiento es mínimo y el desfase entre la realidad territorial y la producción científica resulta evidente. Ni qué decir del aporte empresarial en esta materia, que continúa siendo marginal.

"Chile, está en el 2,5% de las patentes per cápita, los Estados Unidos está en el 100 y Corea está en el 400. Corea está 140 veces por encima de Chile. Por cada investigador que ustedes tienen aquí, los investigadores en Corea patentan 14 veces más. Entonces, yo creo que lo que está claro es que hay que empezar a cavar el túnel del lado de la aplicación", sentencia, en claro afán de seguir provocando al ecosistema chileno, como viene haciendo desde hace más de una década.

Así como la nueva normativa de acreditación de la calidad ha estimulado a las IES a avanzar hacia la "docencia vinculada", buscando que el territorio sea aula y contribuya positivamente a los procesos formativos, se hace urgente impulsar una "investigación vinculada" que, sin abandonar la ciencia básica, dialogue temprana y permanentemente con empresas, comunidades, gobiernos y territorios. En contextos complejos, la innovación solo es viable cuando el conocimiento se conecta con problemas reales y es capaz de crear valor compartido, mejorando de manera virtuosa y bidireccional la educación y el desarrollo humano, del cual debe ser parte vital.

La brecha en la intensidad y la calidad de las conexiones entre quienes generan conocimiento y quienes enfrentan los desafíos económicos, sociales, ambientales y tecnológicos en el país exige más y mejor vinculación, pertinente, colaborativa y orientada al impacto, en sintonía con las estrategias regionales de desarrollo, las políticas sectoriales o los planes comunales.

Las IES que logren establecer vínculos permanentes con empresas, servicios públicos, municipios, organizaciones sociales, comunidades y actores internacionales estarán en mejores condiciones para formular preguntas relevantes antes que sus pares. Y en investigación, como en innovación, la calidad de las respuestas suele depender de la calidad de las preguntas.

La vinculación temprana permite identificar desafíos reales; la investigación aporta el conocimiento para comprenderlos, la innovación transforma ese conocimiento en soluciones y la evaluación verifica si esas soluciones generan cambios efectivos. Se trata de un ciclo virtuoso que conecta la misión universitaria, el desarrollo territorial y la generación de valor público.

La investigación vinculada debe ser un nuevo paradigma, más que una línea de trabajo, sustentado en la convicción de empezar a cavar el túnel desde el lado de los problemas, allí donde el conocimiento se transforma en desarrollo humano, valor público, productividad y competitividad.

Lo necesita un Chile al que con demasiada frecuencia se arrastra hacia discusiones polarizantes y paralizantes, antes que hacia la búsqueda de los mínimos comunes que le permitan surfear las enormes olas de transformaciones que se acrecientan cada día.

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