¿Quiénes?

2 de julio de 2026 por
¿Quiénes?
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Estamos en una mesa con directivos públicos y privados convocados para diseñar un proyecto para un territorio. Se plantean los fundamentos iniciales. Todos están de acuerdo en que sería valioso. Se escuchan opiniones que advierten que desde hace una década se intenta realizar lo mismo, o algo parecido; que quizá ahora sí resulte; que sería bueno tomar resguardos, invitar a otros actores, buscar financiamiento, seguir ciertas metodologías o modelos, convocar académicos. Que por algo la iniciativa ha comenzado y se ha estancado una y otra vez. Que "ojalá" ahora sea distinto.

Se escucha la resignación sin que nadie la nombre.

La mayoría parece cavilar en silencio: "esto ya se ha hecho y no funciona", "para qué insistir si sabemos que no termina", "es un gastadero innecesario". Están pegados en el cuánto, el cómo y el con qué. No en el quiénes.

Tener metodologías, modelos, expertos e incluso conseguir recursos son asuntos abordables. Se sabe cómo hacerlo. Si aparece alguna dificultad, una IA como Claude podría aclararla, ampliar el campo de reflexión y entregarnos propuestas inimaginables en minutos. Lo que la IA no hará -y parece que tampoco los sentados a la mesa- es identificar a quién o quiénes les corresponderá liderar un desarrollo innovador y sostenible, capaz de vencer esa resignación que sigue repitiendo en el aire: "gente más inteligente que ustedes y con más recursos ya lo intentó, y no funcionó".

La relevancia del quiénes se hace cada día más crucial para el desarrollo, en cualquiera de sus niveles. Hoy es más rápido y barato saber cómo y con qué hacer algo; distinguir lo táctico de lo estratégico; asignar recursos, tiempos y responsables a los proyectos.

Distinguir, en cambio, a quienes tienen la ambición, la pericia, la experiencia y la intuición necesarias para interpretar los roles de liderazgo, y diseñar e implementar aquello que se cree posible, es harina de otro costal.

Tampoco lo resuelve un head hunter.

La gobernanza de los territorios tiene más de misterio que de técnica selectiva o instrumental. La confianza  - esa atribución que hacemos sobre la sinceridad, competencia y responsabilidad de los demás- no se construye con métodos. Se construye en la trayectoria, en la forma de estar, en la capacidad de sostener conversaciones difíciles, de cuidar compromisos, de leer lo que no se dice y de convertir una posibilidad compartida en resultados que otros puedan reconocer como propios.

Quizá por eso la pregunta decisiva no es solo cuánto cuesta, qué metodología usaremos o de dónde vendrán los recursos. La pregunta urgente y necesaria es quiénes pueden liderar esto sin ser devorados por la resignación acumulada. Quiénes pueden convocar apropiadamente, crear y sostener la confianza suficiente para que el territorio vuelva a creer para ver que esta vez será distinto.

El liderazgo parte alterando el estado de ánimo colectivo, no administrando recursos. En muchos territorios, los proyectos fracasan porque antes de comenzar ya están rodeados por una memoria de intentos inconclusos, promesas incumplidas y reuniones que no cambiaron nada. Liderar, en ese contexto, es interrumpir la resignación. El quiénes importa porque hay personas capaces de escuchar "esto ya se intentó" sin convertirlo en sentencia, sino en aprendizaje: preguntando qué falló, quiénes no estuvieron, qué confianza se rompió y qué condiciones podrían ser distintas esta vez.

Importa la capacidad de construir equipo y gobernanza real más allá de los organigramas. Un territorio no se mueve por decreto ni por la voluntad aislada de una institución. Cuando ciertas personas articulan intereses distintos sin diluirlos, convocan actores diversos sin neutralizar las controversias y convierten una mesa de conversación en una red de compromisos, hay acción efectiva. Para eso hay que leer relaciones, trayectorias, legitimidades, egos, rivalidades y confianzas acumuladas, porque muchas veces el mapa decisivo es interpersonal, no institucional.

Importa, y es vital, la capacidad de llevar una iniciativa desde la conversación inspiradora hasta resultados medibles. Muchos proyectos territoriales tienen buenos diagnósticos, relatos atractivos y presentaciones impecables, pero se debilitan al traducir la visión en decisiones, responsables, plazos, indicadores, evidencias y aprendizajes.

Alguien debe hacerse cargo de que las ideas ocurran, priorizando, cerrando etapas, cuidando compromisos y mostrando avances.

Producir valor para comunidades, instituciones públicas, empresas, gobiernos locales, universidades, emprendedores y organizaciones sociales es un arte que depende del quiénes, y que también puede - y debe- medirse, más allá de la propia satisfacción.

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